(Del Prólogo): La poesía de Gemma Serrano es una composición a base de meandros, de giros, de saboreables paradas o detenimientos, de paladeables intercambios, de vueltas en giro como en canciones. La tercera persona, que establece distancia con su objeto al tiempo que lo penetra y lo hace transversalmente posible, es una espectadora (ex)pectante a la que se podría imaginar con trocitos de menta entre los dientes. Con una mandíbula que aprieta y que retiene, con unos afrustrados ojos de ternura detonadora.Gemma Serrano juega con las palabras, con el concepto, con el cuadro, con la Biblia, con un bestiario amable, con una corporalidad que se abre a través del pecho. Lo táctil, lo lábil no solo lo aporta el hijo, Juan (ese Juan con mayúsculas que nos lo llena, agradecidamente o no, todo), sino también ella misma, al contemplarse, tocarse, oírse, empujarse a lo brusco.