Manual De Atencion Integral A La Infancia Vulnerable
Mis inicios profesionales en el Centro Provincial Infantil de la Diputación Provincial de Sevilla, antigua Casa Cuna, en 1968 y asumiendo su dirección durante el periodo 1973-1983, en el que se llevó a cabo el proceso de desinstitucionalización, conllevó mi compromiso con el mundo de la «infancia vulnerable». Con esta mochila bien cargada de connotaciones sociales me incorporé al Hospital Infantil Universitario Virgen del Rocío, con una clara visión de lo que es la atención integral centrada en el niño y en la familia, que se materializó con creación de la Unidad de Pediatría Social. Después, fui testigo directo en 1973 del nacimiento y desarrollo de la Sección -posteriormente Sociedad- Española de Pediatría Social de la AEP. (Recogido por el Comité de Historia AEP en Historia de la pediatría social en España. Cuadernos de Historia de la Pediatría Española. Número 26. noviembre de 2023. Págs. 97-113). Fruto de todo ello, mi trayectoria posterior se ha definido con la fundación de la Asociación Andaluza para la Defensa de la Infancia y Prevención del Maltrato (ADIMA) en 1990; con la creación en 2008 de la primera plaza nominada como «Pediatría Social» en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla, que ostento desde entonces; y, en 2015, desde la Fundación Gota de Leche de Sevilla, con la creación el Foro Profesional por la Infancia de Andalucía, que se marca el objetivo de aunar los esfuerzos de los diferentes colegios y asociaciones profesionales en acción coordinada ante los derechos y problemas de la infancia; andadura que me ha permitido profundizar en los aspectos relacionados con la violencia hacia la infancia. Desde sus inicios la Pediatría Social tuvo que avanzar en dos sentidos paralelos: por un lado, afrontar los temas desde un escenario de la asistencia individual al niño, a la niña, a la familia y al profesional, valorando cada caso desde consulta y desde el centro sanitario, dando origen a protocolos y procedimientos. Por otro, se ha evidenciado la necesidad de establecer contactos con el barrio, con la escuela y con los servicios sociales, promoviéndose respuestas y propuestas conjuntas, constatándose la dificultad de afrontar soluciones transversales exigidas por la dimensión social de los problemas de la infancia; y todavía esta línea de trabajo es asumida relativamente.Pero aún las exigencias han sido mayores en tanto que ha habido que relacionarse con las instituciones para participar en consejos, elaborar con otras miradas Planes y Programas, incluso participar en elaboración de Comisiones parlamentarías, leyes... para lo que se nos requiere como profesionales de la salud infanto-juvenil, no sólo de la enfermedad. Se nos reclama en una sociedad que tenga en cuenta la pobreza, el sufrimiento y el dolor y los efectos para la salud y el desarrollo generados por las adversidades vitales. De este modo, si desde la pediatría se nos exige la respuesta a los casos concretos, desde lo social se nos reclama a participar con otros actores y en escenarios diversificados de responsabilidad sociopolítica. Nuestra disciplina es un tronco con ramas sociosanitarias y nuestra atención no sólo es asistencia, ni basta con la prevención; es necesaria la promoción, necesitamos trabajar con otros en la atención a las experiencias adversas de la vida y a los más vulnerables; ya sea ante problemas clínicos (atención temprana) o sociales (escuelas infantiles, escuelas de segunda oportunidad?) y ante la exclusión social; sólo así podremos construir una población infantil y juvenil sana, una sociedad menos violenta y recuperar los proyectos de vida que la misma sociedad ha excluido. Formarse hoy en Pediatría Social es acceder a una profesión que sin duda podrá modelar el futuro.Son aspectos conceptuales y vivenciales, que me han permitido visibilizar las connotaciones relacionadas con la violencia, sus bases neurobiológicas, sociales y culturales y las respuestas dadas desde las instituciones, desde los profesionales y desd...