Si en el siglo XVI penetra con tanta fuerza el pensamiento utópico en la cultura occidental ante el hecho americano, si en el XVIII se manti ene la misma línea, si en el XIX Cabet trata de instaurar su Icaria en territorios adquiridos en Estados Unidos, es porque Utopía y América proceden de un mismo espíritu. La Utopía no es una imagen de cualquier cultura, en cualquier momento y lugar, sino que el pensamiento utópic o grana y llega a ser lo que es en la historia de la mentalidad de los pueblos europeos, aproximadamente sobre 1500, en el momento pleno de la época del Renacimiento. Por tanto, cabe esperar que ofrezca los car acteres de ésta. Nacido del hombre, históricamente nuevo, del Renacimi ento, el pensamiento utópico constituye en sus manos un instrumento de enérgica operatividad. En ninguna parte podía reconocerse ese carácte r como en América, ante cuyas sociedades, sin tener el grado de plasti cidad que los utopistas les atribuyeran, sin duda éstos y sus colabora dores se encontrabanJosé A. Maravall (Játiva, 1911), catedrático de l a Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Real Academia de la Historia, ha publicado numerosos estudios monográficos ampliamente re señados dentro y fuera de España. Entre sus libros destacan: Estadio m oderno y mentalidad social; Antiguos y modernos: la idea del progreso; Las Comunidades de Castilla, una primera revolución moderna; La oposi ción política bajo los Austrias; Poder, honor y élites en el siglo XVI I (editado este último por Siglo XXI de España).