La penetración global del tiempo abstracto ha hecho que el tiempo se s itúe en el centro del interés político, como factor que explica buena parte de nuestros conflictos en un mundo desincronizado. La velocidad de los procesos sociales supone una amenaza para las sociedades democr áticas. Por eso la política está obligada a concebirse como un gobiern o de los tiempos, como cronopolítica. Ya no sólo maneja espacios, recu rsos naturales o trabajo, sino que también gestiona el tiempo, influye en las condiciones temporales de la existencia humana, equilibra en l o posible las velocidades de los diversos sistemas sociales y configur a un ritmo democrático.