Bien sea porque se ha insertado de un modo casi exclusivo el clásico t ratado De Deo creante en la antropología teológica (con la consiguient e mengua de una suficiente reflexión ontológica sobre el mundo), bien sea porque los teólogos de oficio, generalmente poco familiarizados co n la literatura concerniente a la imagen física del mundo, se lo piens an dos veces antes de internarse en un territorio poco transitado por ellos y enseñoreado -al menos así se cree comúnmente- por una consmovi sión monista-materialista, lo cierto es que, tras el auge que conoció la temática de "la creación" en la teología de los años 50 y 60 (evolu cionismo, Teilhard, "Humani generis", etc.), el pasado decenio asiste a su eclipse del horizonte teológico. Parece como si los teólogos se h ubiesen apropiado del título de una célebre novela contemporánea: "El mundo es ancho y ajeno". Y eso no es bueno. Después de todo, el primer artículo del Creado se refiere precisamente a la fe en Dios "creador del cielo y de la ti