La industrialización, como tantas otras facetas de la economía y de la sociedad, ha sido históricamente un campo privativo del género masculino. Todos tenemos en mente nombres de hombres y ôprohombresö que han sido protagonistas en el campo del desarrollo industrial mientras el papel de las mujeres quedaba relegado a tareas sin representatividad, como obreras de base en algún sector industrial, significativamente el agroalimentario o el textil, aunque era inconcebible contemplar la posibilidad de que se incorporaran laboralmente a otros puestos de mayor nivel o a sectores como la minería, por ejemplo. Con el paso del tiempo este panorama ha ido cambiando y la incorporación de la mujer en el ámbito industrial es cada vez más notable. En la actualidad existe un gran número de instalaciones industriales sin uso que, sin embargo, están llenas de significados. Hablan de tecnología, de organización del trabajo, de sistemas constructivos. Y narran su historia y la de sus de gentes a través de los vestigios en espacios urbanos, periurbanos o rurales. Pero también se están generando en el presente nuevas formas de i