Esta novela es una brillante reflexión sobre la soledad y sobre nuestra vertiginosa sociedad. Normalmente, las novelas -sobre todo las actuales- buscan la evasión y el entretenimiento. Pensar duele, de ahí que mucha gente huya de quien les pueda cuestionar sus convicciones. Ricardo Ruiz de la Sierra, escritor que narra -y narra como los ángeles-, también nos interroga. Y lo hace desde la emoción y el dolor. ¿Ensayo narrativo? ¿Ensayo novelado? Da igual la etiqueta. Estamos ante una rara avis que escribe, jugándose las entrañas, del crecimiento vital y sobre la violencia familiar desde otra perspectiva. El autor parece tener muy presente el consejo que nos dio Cesare Pavese: "Si quieres ser escritor, ábrete en canal". Una historia que conmueve y remueve, con un lenguaje directo no exento de poesía, construida a base de trozos y destrozos: infancia, amores, familia, desasimientos, en la que se nos pregunta -entre otras cuestiones- si tener éxito en la vida debiera ser -simple y llanamente- sentirse bien con uno mismo. El protagonista sufre acoso escolar en la niñez y luego la ira de su esposa pero no reacciona del mismo modo ("Es más fácil escribir de sexo y violencia que de bondad" dice L. Penny) y se acompaña, en la "radical soledad del hombre", de una inesperada amistad: un vagabundo. El gran acierto de Ricardo Ruiz de la Sierra es que a medida que uno se adentra en "No molesten por favor", parece que no te lo cuenta un escritor sino ese amigo -cómplice y confidente- que todos quisiéramos durante un largo viaje en tren. Tomás García Yebra (Periodista y escritor)