En este último ejemplo del trabajo de Ramos laten nuevamente los componentes tan característicos que definen su obra: los elementos naturales con los que representar los conceptos manejados y bajo cuya filosofía se palpa un sustrato filosófico propio del mundo oriental -como parte de ello está la parte trascendente, casi mística, siempre a pie de terruño-; hay también palabras hermosas y poco conocidas por el público en general, así como una poderosa presencia de la inquietud como parte de la vida y la introducción -en el otro lado de la balanza- de lo que consuela.