La muerte supone siempre el frustrante término de la vida humana, y as í considerada parece que poco puede aportar a la Historia. Pero, por e star firmemente implicada en la vida, hay que estudiarla también en co nexión con las estructuras sociales y sus transformaciones. De ahí su historicidad y su extraordinario valor explicativo. El tema de la mue rte es abordado aquí desde la historia social y en dos vertientes: com o sistema de adaptación a través del cual el hombre integra una suprem a angustia en lo racional y controlable; y como reflejo de la vida, de las desigualdades y tensiones sociales. La información proporcionada por una gran diversidad de fuentes (testamentos, registros parroquial es, sinodales, artes de morir, iconografía y literatura) sirve a los o bjetivos de un estudio de larga duración, centrado en los siglos XVI y XVII, pero entendido en dinámica constante: a unos siglos XIV y XV de grande y traumática presencia de la muerte, sucedieron un intento de contestación a la estructura por parte de los erasmistas, y una época barroca en que triunfa esa estructura y es llevada a sus máximas conse cuencias bajo el control de la Iglesia católica, que logra integrar má s que nunca a la muerte en su discurso pastoral y favorece una progres iva clericalización del momento de la muerte e incluso de la vida, a l a que entiende como constante preparación, como continuo memento mori. Buen reflejo de este fenómeno son las llamadas artes de bien morir, q ue alcanzan su mayor "'lo auge en época barroca y que se constituyen e n una de las fuentes principales para el estudio de las actitFernando Martínez Gil es, en la actualidad, profesor de Historia Moderna en la sección toledana de la Facultad de Letras de la Universidad de Castil la-La Mancha. Sus investigaciones se han centrado en la Historia Socia l y la Historia de las Mentalidades, perspectivas ambas que vienen a c onfluir en la presente obra. Comparte las tareas docentes e investigad oras con la literatura destinada a los jóvenes, campo en el que ha obt enido el Premio Nacional en 1979 y el Premio Lazarillo en su edición d e 1986.