Este poemario quiere ser un homenaje al amor, al soneto y a la literatura (trinidad que, muchas veces, se compacta y se vuelve unidad), cuaderno de campo de un peregrino que, a lomos del soneto, ha ido siguiendo las huellas de quienes lo precedieron por las mismas trochas por las que discurre ese viaje a ninguna parte que es el amor. Porque -quien lo probó lo sabe-, tras dar nopocas vueltas, los pasos te acaban devolviendo al punto de partida. Al fin y al cabo, como dice el gran Manuel Alcántara en uno de sus magníficos sonetos, «Amor son cercanías de uno mismo».