Si en "Un presagio" el poeta se fundía, en los caminos, con el espacio natural, místico y mítico de Castilla y León, y en "Lobos del olvido", el adulto se encontraba y era interpelado por el niño que fue, en "La canción de Esther", Miguel Ángel Serrano propone una indagación sobre la posibilidad de ser en dos y una mirada, que intenta ser lúcida, al ?desconcierto de sentir lo justo de la dicha?. No hay tantos temas que tratar, y perder el tiempo con pequeñeces está en el lado opuesto de lo que el poeta debería intentar.