El oficio de historiador es un oficio socialmente útil. Debe serlo. Cuando se lee Fontana se entiende perfectamente qué significa esto. Y sus lecciones lo confirman. El placer de seguirlas, y ahora de leerlas, lleva siempre a un proceso de reflexión que aleja al lector de los tópicos y fomenta el riesgo de pensar, de repensar las cosas. Cuando esto ocurre, el historiador sabe que ha hecho bien su trabajo. Y, al leer Fontana, esto ocurre.
á
(De la «Presentación» de Josep-Maria Terricabras)