"Todavía ocho siglos después de la invasión musulmana no existía ni unidad política ni religiosa en España, donde una poderosa minoría de judíos resistía todas las tentativas de asimilación. Buscar el medio de fusionar estos dos elementos, tan difíciles de mezclar como el aceite y el agua, y formar una unidad capaz de hacer salir el orden del caos y de domar la fortaleza occidental del inmenso frente de batalla del Islam, era la formidable tarea a que se dedicaron, sin éxito, los inmediatos predecesores de Isabel. Semejante empresa parecía necesitar de un genio maravilloso para ser llevada a cabo."