No ha existido sociedad alguna a lo largo de la historia en la que la violencia haya estado completamente ausente. Ahora bien, en las sociedades antiguas, particularmente en la romana, el uso de la violencia (en sus muy diferentes formas) acabó convirtiéndose en un acto cotidiano, practicado incluso por los poderes institucionales con fines disuasorios o coactivos. Sin duda, los espectáculos públicos nos ofrecen una imagen sanguinaria que, sin embargo, no correspondía a una mera atracción sádica. En este sentido, parece oportuno citar la aguda reflexión contenida en la ya emblemática frase de Roland Auguet: ?No puede confundirse con la crueldad la dureza a veces excesiva, pero nunca arbitraria, de que los romanos dan prueba incluso contra ellos mismos?.