El ser humano se ha separado de sí mismo: ha perdido el contacto con su ser interno viviendo en la ignorancia de su propia divinidad. El propósito de nuestra existencia es llegar a reconocer que nuestro verdadero ser es Dios experimentando a través de nosotros. Por el autoconocimiento podemos ir descubriendo aquello que nos separa de nuestro Creador.