Tras casi 35 años de autonomía se han producido cambios en la percepción de lo valenciano, en el sentido de una ampliación de los consensos básicos que son necesarios para la articulación de un pueblo. Las disputas sobre la identidad valenciana no forman parte de la agenda política y se han consolidado los símbolos que recogió el Estatuto de Autonomía, incluso se ha debilitado la anterior obstinación de no llamar a la lengua valenciana por su nombre. Por otra parte, la última crisis ha puesto a la economía valenciana en una situación de tal debilidad que, por primera vez en los últimos tres siglos, sus índices de riqueza se encuentran por debajo de la media española. El momento actual es complejo y, a la vez, esperanzador porque Valencia, es decir lo que el Estatuto llama Comunidad Valenciana, tiene todos los ingredientes para volver al lugar que muchos valencianos piensan que le corresponde, ser puntera en Europa unida y en el Mundo globalizado, pero para ello es necesario estar unido