Esta obra se caracteriza por un enfoque integral y holístico. Para su autor no existe separación entre teología y espiritualidad, entre dogma y experiencia personal, entre fe y oración; juntos forman, al contrario, un todo indivisible. El Metropolita Hilarión comparte la sentencia de los Santos Padres de que "el teólogo es aquel que reza". No le interesa solamente describir, a la manera abstracta y "escolástica", la creencia de los cristianos ortodoxos; quiere mostrar la enseñanza ortodoxa en términos personales, prácticos y dinámicos; como una forma de vida.La verdadera teología, insiste el Metropolita Hilarión, es imposible sin el sentido del asombro. Según dijo Albert Einstein, "el hombre que ha perdido la capacidad de maravillarse es como un hombre muerto". Que este libro despierte en muchos lectores la capacidad de maravillarse frente a Dios.