El sector energético constituye un pilar fundamental de cualquier economía moderna, al proporcionar los recursos esenciales para el funcionamiento de la industria, el transporte, los servicios y los hogares. Su relevancia estratégica se manifiesta en la capacidad de garantizar el suministro continuo de energía eléctrica y combustibles, cuya interrupción puede generar impactos profundos en la actividad económica y en la vida cotidiana. Un ejemplo ilustrativo de esta vulnerabilidad lo constituye el apagón eléctrico generalizado ocurrido el 28 de abril de 2025 en la Península Ibérica, que afectó a España, Portugal y, en menor medida, a zonas del sur de Francia y Andorra. Este incidente, iniciado a las 12:33 horas CEST con una pérdida súbita de aproximadamente 15 GW de potencia (equivalente al 60% de la demanda en ese momento), provocó una interrupción total del suministro durante varias horas, con consecuencias significativas en términos de paralización de infraestructuras críticas y varios fallecimientos relacionados con la falta de electricidad, de transportes, comunicaciones, actividad comercial e industrial y pérdidas económicas estimadas en miles de millones de euros.