Del terrorismo como una de las bellas artes no es un ensayo sobre política ni sobre violencia. Es algo más raro y más difícil de clasificar: Perniola narra en segunda persona episodios de su vida en la Roma de los años sesenta y setenta, rodeado de trotskistas condenados a muerte por sus propios camaradas, de guerrilleros japoneses, de surrealistas delirantes, de Moravia, de Pasolini?El libro es un homenaje de Perniola a sí mismo, en su estilo extraño y adictivo: una mezcla de erudición, humor seco, digresiones inesperadas sobre casi cualquier cosa, citas de Pascal o de Rimbaud o de una vieja amante. Un placer raro y exquisito.