Siempre he afirmado que el mayor homenaje que se puede ofrecer a un escritor, a un poeta, es mantenerle vivo en su palabra. Ofrecer nuestro cuerpo y nuestra mente, nuestra voz, para que su palabra, encarnada en nosotros, vuelva a adquirir vida. Y dilatar, ensanchar la nuestra con la resonancia profunda y transformadora de quienes ?como Carvajal? han sido tocados por la gracia poética y han acogido ese don ofreciendo ejemplarmente su dedicación, su esfuerzo y también toda su capacidad de gozo, resueltos en «trabajo gustoso», como quería Juan Ramón.