Los problemas de salud mental se han convertido en uno de los grandes retos de las sociedades avanzadas. La mejora de los niveles de vida, al menos en el plano económico y tecnológico, debería ir acompañada de una mejora de la salud mental y una experiencia de bienestar más plena de sus ciudadanos. Y, sin embargo, todo parece indicar lo contrario: que los problemas de salud mental aumentan en nuestras sociedades, y de modo particular entre sus miembros más jóvenes; hasta el punto incluso de poder hablar de una epidemia silenciosa, ya que no se abordan estos problemas en proporción a su dimensión e impacto.