Entre 1945 y 1968, el catolicismo en Europa occidental vivió una profunda transformación social y política. Sacerdotes y laicos impulsaron nuevas formas de apostolado, desafiando las estructuras eclesiásticas y promoviendo la renovación desde dentro. Este fenómeno transnacional redefinió el compromiso cristiano, politizó a amplios sectores sociales y generó tensiones dentro de la jerarquía y con los fieles. Los resortes de la Iglesia, a la vez motores de contestación e instrumentos de control, ilustran la ambivalencia de una Iglesia en transformación.