El emperador vuelve a España para morir. Retirado en el monasterio de Yuste, cuenta a su hijo Jeromín (futuro Juan de Austria) las vicisitudes de su azarosa vida. Junto a él recordaremos personalidades de su tiempo como los conquistadores Francisco Pizarro y Hernán Cortés, los eruditos Leonardo da Vinci y Erasmo de Roterdam, el pintor Tiziano, y el enemigo de su fe, Martín Lutero.