Audrey Hepburn se deslizaba por la pantalla con la frescura y agilidad de una gacela. Tenía gracia, encanto, sofisticación e indudable personalidad. Su éxito fue espectacular. Todas las chicas querían vestirse y peinarse como ella. Con sus ojos enormes e hipnóticos, una sonrisa que surgía de improviso, unas maneras conmovedoramente inseguras y una voz gutural altamente peculiar Miss Hepburn conquistó a todos.