Karim entornó los ojos para mirar a lo lejos: veía arbustos, corderos y cabras; pero no podía ver a su madre. A Karim se le hizo un nudo en la garganta, y por sus mejillas resbalaron dos lagrimones. Miró a un lado y a otro: no sabía regresar?La historia nos traslada la facilidad con que un niño puede perderse, apenas se separa de la mano de sus padres. En otros casos, el pequeño encuentra territorio hostil o tenebroso; aquí, la madre naturaleza protege y cuida a Karim como uno más de sus hijos.Régine Raymond-García escribió esta historia al volver de un viaje a Burkina Faso, fascinada por la consideración de sus habitantes hacia el árbol rojo y el baobab, por su alegría de vivir pese a las dificultades, y por sacar provecho de la naturaleza de un modo inteligente?.Pero este cuento no se centra solo en el amparo que la naturaleza-madre ofrece al hombre; también advierte de la necesaria reciprocidad por parte del ser humano, que debe ejercer la misma protección y respeto sobre el ecosistema, para garantizar su sostenibilidad.Para la ilustradora, Vanina Starkoff, fue también como hacer un viaje por Burkina Faso, sus imágenes y su música, para sumergirse ?en esas maravillosas tierras africanas?, trabajando una paleta de colores ?saturados, brillantes y alegres?, acrílicos sobre papel, con algunas texturas y dibujos digitales, según el estado de ánimo y las emociones por las que atravesaba Karim: amarillo y rojo para escenas donde se siente protegido, turquesas cuando se siente perdido.