Ya tu aliento y tus palabras cuelgan en el aire, y tus pasos no se oyen en la calzada donde nada circula. ¿Por qué me dueles tanto? Me acerco a la orilla a mirarte, mar, y a buscar los pasos que se fueron y que aún no han vuelto y que dentro de mí, retumban. Hasta el viento se ha parado para averiguar dónde estás, para saber cuándo vuelves, para esperarte a la orilla y no dejarte marchar más. Desliza en mis oídos palabras de certeza.